martes, 3 de febrero de 2009

Pueblo gris

En la esquina los jilgüeros
una copla empetrolada
le adivinan al silencio.
Si es temprano, y al llegar
mismos ojos al mirar,
el horizonte viste negro:
el invierno desperto,
y la escarcha duele abrir
el cofre de la confianza.

Rudos brazos de los siglos
que un viejito luchador
acompaña con su cuepo;
ganas frias de llegar
con escarcha y con fervor
al sentir al otro dia,
mismo ritmo atronador
que los sueños al dolor
algún día lo amenaza.

Despertóse el vendaval,
que la arena inventó
al copiar un viejo reino
donde el viento recitó
varias letras de cancion
que hilvanaron sus entrañas,
donde vive el nuevo sur,
y el lucero agonizó
tantos años de distancias.

Como un cuadro dormilón,
horizontes declaró,
una tela desgastada,
que de verde y ambarino
inocente destrozó
el terror de los cultivos,
y a mesetas convirtió
en un cruel emperador
de una tropa de alamedas.

Y si me pongo a pensar,
qué bendito he de ser
al sentirme en su memoria,
cuando niño aprendí
a rendirme bajo el sol
en las siestas lugareñas...
a rendirme, y descansar
de correr y de jugar,
a pensar en la esperanza.