domingo, 27 de mayo de 2018

Ha pasado el tiempo, si, más de algunos miles de días desde que dejé aquella tinta endurecerse como roca. Bien sabemos que la roca con el calor se convierte en lava, una tinta demasiado caliente como para no solo esgrimirse sobre sobre la superficie, si no, calarla más allá de las venas y para mezclarse con la sangre. Además, de tantas experiencias que me dió la vida, me choqué con el amor, sentimiento que me generaba más misterio y pulsionaba más en mí que la propia muerte. Sobre la muerte puedo decir que ya no es algo que condicione mi existencia diaria. Solo ayuda en mí a reprimir ciertas conductas, como cualquier cosa que opere en el inconsciente. Sobre el amor, debo admitir que así como lo he deseado tanto, es demasiado dañino para la vida si no se sabe controlar. Aprendí, a fuerza de voluntad (hasta naturalizarlo), que me debo desenamorar de un segundo a otro con comportamientos que mi experiencia me enseñó a que son intolerantes para mi abigarrada mente. En fin, lo más importante que hé aprendido en todos estos años en que dejé de exponer pensamientos sobre un papel para que lo lea la nada, es que los años no vuelven; que el dinero debe ser irrenunciablemente solo una ayuda para un fin; que los sueños son ireemplazables (pero mutables); que la felicidad es su propio camino (mas no su meta), y que no hay peor arrepentimento del no haberlo intentado. Parafraseando a no se quien: si me preguntan qué quiero ser ahora que llegé a realizar un sueño, les diré que quisiera ser aquel que era cuando soñaba cumplir este sueño. Aclaro que lo anterior es una ironía porque no cumplí ningún sueño, pero si me hubiese pasado, hubiese dicho exactamente lo mismo.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Por andar mirando el vaivén del los árboles en los días de viento

Una extraña sensación de amanecer quiso el paisaje del alma y una superflua mirada ajena desvirtúa la leyenda. Dos verdes sombreros y adoquines de horizonte miro en su introspección. Eran dos hermanos que lo ignoraban. Él era el encargado de darle vida al pueblo en materia de cultura, pues el misterio es motivo de renombre de muchos sitios que no tienen donde caerse muerto, o a lo sumo deberían pedir permiso en la capital de su departamento para hacerlo.

En fin, cuando abría los ojos veía el humo de su cigarro; detrás, de marco, la cara transversal de un hueco tronco, luego, en primavera, la copa de un árbol de colores vivos; y por fin detrás, su pueblo.

Muchos dicen por ahí que sus ojos son de pupilas enteras y que a sus medias las teje la señora más vieja del pueblo. Otros dicen que sus ojos son preciosas gemas capaces de cautivar a la niña más rebelde que se le cruce, y encima que a sus medias las terminan tejiendo ellas.

En sus momentos libres suele jugar con los niños a la pelota, pero piensa que son amigos del momento, porque ellos no le han visto su contento y piensan que los echa al írsele lejos la pelota cuando él la patea; y lo siente en sus miradas. No es ahí donde trabaja, es que necesita tener amigos. Es por eso, y me lo dijo con una mirada certera al corazón, que me vino a pedir ayuda a mí porque sabe que siempre estuve en la misma situación.

Yo no supe que decirle, me quedé callado al contemplarle tan efímera su existencia. Porque sus orejas parecían vetustos sauces llorones, y su nariz, una madura y ya seca bellota. Su cara, llena de amaneceres y de ondulantes mares de arena. Sí, sus lagrimas habían caído ya muchas veces durante mi pestañar sereno.

Mi corazón, por fin me dijo alguna vez dónde estaba guardada mi sensibilidad desde el día en que lo blindaron.

Su aroma llenaba el lugar de un otoño maduro, de frescos mogotes y de algún que otro pino lloroso de savia entre cipreses y raudas lloviznas de aquellas tardes donde las lechuzas se juntan a jugar a la canasta.

Tuve que decirle algo y reaccioné para pensar eso, pero no supe qué algo decirle.

Me abrazó y me largué a llorar con él. En ese instante comprendí muchas de las cosas que siempre quise evitar escuchar (cuando las escuchaba hacía oídos sordos para no sufrir, porque me pegaban en el fondo del alma).

Me sentí un estúpido, como si me estuvieran acribillando contra un paredón pero con lanzas de razón. Entendí el porqué de mi ignorancia, y a la vez supe que gracias a ella me pude dar cuenta de lo que yo era, y con esto, conseguir que los que también lo sean se den cuenta de que pueden dejar de serlo en el momento adecuado, o por lo menos circundante a el, o mejor dicho, no desadecuado. De ahí en adelante les toca a ellos.

Ahora, si me pregunto quien no seria ignorante en este aspecto puedo estar una noche entera pensándolo si tengo que dejar de lado a los que lo han vivido en carne propia.

Lloramos desconsoladamente. Nadie, ni yo supe muy bien porqué... pero sí necesitaba hacerlo. En ese instante comprendí que se comparte en el abrazo la desazón para que no le cargue a uno solo tanto peso, aunque no se si esta vez así sucedió porque yo tenia algo de su misma pena en el fondo de mi pesar, y él lo sabía.

Una calma y un cierto silencio acongojó el momento que duro tan solo unos instantes... Su mano temblorosa en mi hombro acompañó el vaivén de su cuerpo para mirarme nuevamente. Sin recibir palabra alguna me di cuenta que su semblante no era el mismo. Pareciese que la pesadumbre de su alma se le filtro por los ojos. Acomodo una sonrisa en su mirada y dando un salto se sentó junto a mi. Sonreía y hamacaba sus pieces con largas medias rojas, su sonrisa iba creciendo proporcional a mi desconcierto. Cuando sus pómulos se le estiraron rompiendo en su cara añosos quebrachos, comprendí, en ese instante, a su legítima alegría.

domingo, 20 de junio de 2010

En una tarde de escala de grises

Domingo, 20 de Junio de 2010.

Que tarde tan gris.. si hasta las sombras hablan de soledad y tus ojos se fusionan en un crisol de nostalgias y lejanía. Crisol grisáceo como se torna la tarde al mirar el horizonte...
si el carmín del crepúsculo se ató atormentado con la luna, que se llevó apacible la quietud desprevenida.
Justo olvidando aquella sonrisa que acompasa tu mirada, llena de albores de la luna y de cardumenes tornasolados, se destiñó la playa que me instigaba con mares ensoñados y que hacían de mi esperanza un niño recién nacido inspirado por creces de la austral aurora de marzo.
La simplicidad del espacio se tiñó de grisáceo solamente, y sólo sueña una esperanza que se llena de recuerdos, los que llenaban la tarde de melazas de ensueños antes de haberte conocido.

jueves, 29 de abril de 2010

Una tarde diferente

Recién llegado de Chile, recuerdo estar sobre una bici, como todas las noches, pero en una tarde, recién pasadas las 12 del mediodía. No iba solo, iba con unas, no extrañas, ganas de descubrir nuevos horizonte dentro de un mismo terreno: mi pueblo.

Recuerdo llegar, de pasada, a la casa del Alfredo, el cual estaba afuera tomando unos verdes, y su padre arreglando no se que cachivache. Me hizo una propuesta, quizá extraña para muchos, pero para nosotros era ya una rutina, en estas vacaciones, salir con estos imprevistos.

Frene la bici, y sin bajar de ella, mi amigo se acercó a mi con una remera negra y con un cigarro a medio fumar en su mano izquierda.

-Loco, ¿Vamos a Mendoza en bici? De paso conseguimos la característica de teléfono de allá para inventar números.

Una cosa así me dijo esa tarde. Yo, como es de esperar en una situación así, quise acudir a la razón para deliberar sobre su propuesta. Pero no fue un caso fortuito para ella, ya que mi mente parecía cansada... Bueno, eso es lo que digo ahora, pero dicho en otras palabras, casi no lo pensé, y le dije:

-Y bueno, dale, que se cague loco, trae la bici. Eso fue, simplemente, aunque sí se me cruzaron por la cabeza algunas cosas antes de mi respuesta, como que nos íbamos a ir así de una, como estábamos vestidos en ese momento, con las bicis como vengan, sin tener cuenta roturas, alimento, luz, agua, comunicación...

Lo que si se es que me ganaron las ganas de cumplir un sueño vigente, propio de nuestra desfachatez y nuestra alevosa sencillez. Así fue como partimos nuestro viaje.

Emprendimos camino por una ruta uniforme y recta, tanto, que el horizonte parecía una pared pintada de amarillo mirada desde el mismo ángulo por largo rato. Sí que pasaban lindos vehículos esa tarde, como Mercedes y BMW.

Había tenido algunos inconvenientes las anteriores veces que salimos a andar en bici, y esta vez no iba a ser la excepción. Justo cuando el hambre y la sed comenzaban a atacar, junto con el cansancio y una situación que tapaba realidades, sentí que mis cámaras comenzaban a reducir su presión pidiéndome el doble de esfuerzo para realizar el mismo recorrido. Sentía que no daba mas cuando miro al costado y mi compañero de viaje se había convertido en el Cecilio, otro amigo de locuras.

El ocaso ya se estaba estirando luego de su siesta y nosotros seguíamos camino siendo que mi bici ya había recuperado su estado normal... Vaya a saber porqué. Aunque no me interesó tal resolución. Tampoco quise mirar a mi acompañante, a ver si se convertía en mi suegra...

Seguimos camino y la noche comenzó a asomar sus duendes crepusculares, esos que la diferencia del resto de las horas y que cada uno los sienten acorde a su personalidad y su estado de ánimo. A mi solo me miraban.

Un camino estrecho, con poca luz y algunos vehículos desolados nos vieron continuar nuestra extraña meta.

En esos momentos de homogeneidad y cansancio, los ojos ya no sienten la sorpresa como en el entusiasmo del comienzo, y comienza a carburar la cabeza con distintos pensamientos, más incluso cuando te atosiga la sed y el cansancio, lo cual no permite la normal irrigación de sangre al cerebro.

Entre uno de aquellos tantos laberintos de mi mente, miraba, por rutina, el asfalto ennegrecido, cuando veía formarse, casi en el medio del plano visible de la ruta, algo. Nunca pensé en ningún momento que era una persona, más bien, su cadencia al avanzar, casi jugando a la danza de la perfección; esa serenidad de vagabundo pero con rumbo fijo, me dio a entender que se trataba de algo superior... Transparente, del diáfano color de la nada: blanco... pero con capa celeste, avanzaba en contra mio, justo en el centro de la carretera. En ese instante, mis delirios comenzaron a jugar con mis temores, trayéndome, por ejemplo, algunas películas

e imágenes famosas de autos desaparecidos, o algún que otro programa Chileno de contactos del tercer tipo...

El miedo me ungió con un baño extraño lleno de coraje, con desentendimiento, pero de comprensibilidad.

En aquel instente comprendí que todos los vehículos que se acercaban en contra Mio, se convertían en esos extraños seres. Al instante me dí cuenta que eran VIRGENES!!: adoptaban la forma de la Virgen María que usa la Iglesia Católica.

Haciendo caso omiso a los extraños suceso seguimos avanzando en la bici, quizá con las últimas gotas de adrenalina, cuando una mujer para su auto frente a nosotros y nos pregunta con cierta cara de preocupación:

-Disculpen, ¿ustedes también vieron las Vírgenes?

Entre medio de la pregunta y mi respuesta pasaron varios análisis por mi cabeza. Por ejemplo me dí cuenta que no era un delirio nuestro, lo cual me tranquilizó un poco. O quizá fue porque sentí que no estábamos tan solos... No se, creo yo que esta tranquilidad es motivo de un sentimiento particular del ser humano en determinadas situaciones de desconcierto. Creo que una especie de desinhibición en el sentido del "que dirán" es producto de esto. Quizá haya sido producto de lo precedente que le respondí a la señora sin tener en cuenta el sentido de evaluación de ella para con mi pregunta:

-Si, también lo vimos. Y dígame... usted, es católica?

y me dijo:

-Sí, lo soy.

Hasta ahora no se porqué le hice esa pregunta.

En suceso éste no fue el único: Las luces de los autos se tornaron intensamente azules, dejando una estela del mismo color, suceso que me llamó muchísimo la atención, pues ya se trataba de un fenómeno físico, y, no ya metafísico, como las vírgenes. Pues aquí es donde empecé a sospechar de una conspiración contra nosotros.

Comencé a sentir pesadez, y una extraña bomba de cordura...

Fue allí donde le dije a mi amigo:

-¿Donde vamos a dormir? Faltan muchas horas, y tengo hambre y sueño, encima sólo vemos con las putas luces azules de los autos que pasan... ¿mira si se llega a cruzar una ballena azul?... o si nos pasa algo... ¿A quien acudimos? Estamos solos en medio de la nada loco! Vos sabes que soy bien Rionegrino, que me la banco y tomo mate amargo no porque me gusta, si no porque no me gusta, lo cual me hace mas macho; pero tampoco seamos boludos viste.

Una antigua moraleja de mis introspecciones se vino a mi cabeza en ese instante: que el soñador voluntarioso abre los ojos de alarma solamente ante la necesidad, lo cual conlleva una realidad, como una pared contra nosotros llena de ladrillos, ya no de nubes.

No importa como volvimos, pero recuerdo que nuevamente estábamos frente a la casa del Alfredo, ya sin las bicis; y allí a lo lejos, sobre unas bardas, se vio una terrible humareda donde se alcanzaba a distinguir un vehículo, vaya a saber de que marca, perseguido por un helicóptero de los Carabineros de Chile y un par de tanques de guerra. Fue algo un poco fuera de lugar entre los matecitos de despedida, pero valió la pena contarlo ya que no todos los días suceden esas cosas en Catriel. Lo que si me imaginé, fue que ese vehículo algo tendría que ver con los fenómenos en la ruta... no se si algún día lo sabré, lo que sí se es que en ese momento llegaron varias traffics negras a la propia casa del Alfredo y se comenzaron a bajar muchas personas trajeadas y de gran presencia. Ante tal desconcierto nos quedamos perplejos y sin comprender mucho la situación atiné a disfrutar la reunión aunque nunca se me ocurrió deliberar sobre si estaba o no invitado a dicha reunión, lo que permitió unirme sin cargos de conciencia a los grupos de charlas que se formaron, aunque esto aumentó aún más mi desconcierto, pues supuestamente una situación así lleva a intuir sobre un fin determinado ante tal formal despliegue, pero cada grupo parecía distenderse en su tema en particular producto del azar, de la común cotidianeidad de la vida de alguien normal con típicas inquietudes sobre el clima, el chusmerío, el trabajo, los hijos, etc etc.

En fin, optamos por hacer la nuestra. Nos sentamos con el Alfredo en el cordón de la vereda al lado de estos extraños personajes hijos de la nada, de un simple instante del desconcierto. De repente comencé a darme cuenta de que observaba mas a una persona en particular, claro, era porque me resultaba conocida... en ese instante pensé "aquel se parece mucho a

Víctor Heredia", y como no sentía el momento muy amigado con la duda me decidí a averiguarlo.

Claro, no quise ser irrespetuoso, por lo que giré la cabeza para que no me escuchara nadie más que mi amigo y le pregunté "Che, quien es ese?", y antes de responderme lo hace un señor del otro costado, y con un poco de vergüenza lo escucho decirme "es Dot Heredia"... ahí me di cuenta que de algún lado me sonaba ese nombre, aunque nunca se me ocurrió que también cantara, como Víctor. Como si me adivinase la mente se acercó ese personaje hacia mí y comenzó a cantarme una canción que rápidamente distinguí como la tradicional Penélope, aunque era la voz de Sergio Denis. Me pareció una situación predecible para que aparezca mi mamá a hacerle coro... y así fue... así que dije sin siquiera asegurarme que realmente estaba cantando o si estaba diciéndome algo como por ejemplo que el mundo se estaba acabando: "pero dejame escuchar", casi gritando. No se si se habrá enojado o se lo tomó bien, pero me dejó escuchar con atención.

Luego de terminar la canción que extrañamente la hizo completa e incluso cantó hasta los silencios de fusas y semifusas, se sentó a mi lado placidamente, miró hacia el horizonte una considerable cantidad de segundos, sin mover la vista, luego me mira pareciéndose el vaivén de su cabeza a una bola pegada a un círculo perfecto moviéndose a velocidad angular constante sin rozamiento. Me mira y me dice: - Ves eso que tenés atrás tuyo?

- Si. Respondí.

- Bueno -me dice- entregasela a tu hermano de parte mía.

En ese instante comprendí que mi hermano tenía amigos famosos.

En fin, así son las tardes de mi pueblo.

viernes, 5 de marzo de 2010

La templanza

Encontré este artículo muy interesante el cual nos permite darnos cuenta de como nos cuesta reconocer algo que limita nuestro placer carnal.


Templanza.


La templanza significa sobriedad. Es la virtud por la cual empezamos a darnos cuenta de cuáles son nuestras necesidades reales y que van, por tanto, alineadas a nuestro bienestar y desarrollo, y cuáles son imaginarias y producto de los deseos inagotables que nacen de las carencias que produce el ego y son por tanto perjudiciales. Desde la sobriedad se manejan de manera adecuada los recursos, evitando tanto los excesos como las carencias.

La templanza es la virtud que permite dominar racionalmente los apetitos y moderar la atracción hacia los placeres sensibles y el uso de los bienes creados. La disposición natural al gozo puede hacer obrar desordenadamente al ser humano. Existe en él una rebelión de los diferentes egos contra el dominio del propio espíritu, contra el vivir consciente y el obrar adecuado.

La moderación, la medida y la castidad, al mantener y defender el orden en el propio interior, crean los fundamentos necesarios para la realización del bien. Sin la templanza, el instinto de la propia afirmación que hay en el ser humano rebasaría todas las fronteras y anegaría todo cuanto encontrase en su marcha. Se perdería la orientación y el raudal de energías jamás encontraría el mar de la perfección en que deben desembocar. La templanza no es el caudal, sino la madre del río que canaliza sus ímpetus y su velocidad y abre el paso preciso.

La tendencia natural hacia el placer sensible que se observa en la comida, la bebida y el deleite sexual es la forma de manifestación y el reflejo de fuerzas naturales muy potentes que actúan en la propia conservación. Estas energías vitales representan la actividad de la vida y, cuando se desordenan, se convierten en energías destructoras.

La lujuria, la gula y los deseos desordenados de placer dan lugar a una ceguera del espíritu que incapacita para ver los bienes del espíritu y quita la fuerza de la voluntad. En cambio, la sobriedad nos hace capaces y nos dispone para la vida espiritual. No muere el alma porque le falte algo sino porque algo la envenena.

Nuestra existencia consiste en ser conscientes y en obrar adecuadamente, por eso se dice que cuando alguien vive espiritualmente es fiel a sí misma. La lujuria y la gula destruyen de una forma especial esa fidelidad del ser humano consigo mismo y ese permanecer en el propio ser. Ese abandono del alma, que se entrega desarmada al mundo sensible, paraliza y aniquila más tarde la capacidad de decidir y de obrar adecuadamente. El alma no es entonces capaz de escuchar silenciosa la llamada realidad, ni de reunir serenamente los datos necesarios para adoptar la postura justa en una determinada circunstancia. El ser humano se ha hecho parcial y se insensibiliza para percibir la totalidad de su realidad. Y esto significa el mal uso y corrupción de la prudencia, la ceguera del espíritu y la desaparición de la vida espiritual. Todo buen propósito quedará siempre amenazado por la inconstancia y teñido por los deseos más bajos.

Las realidades llamadas sensibles juegan un papel tan importante como las sutiles en el conjunto de la Vida, pero se les debe dar el valor adecuado. El ser humano lujurioso, goloso y ávido de placeres quiere, pero quiere exclusivamente para sí mismo; siempre se halla distraído por un interés ilusorio, que no es real. La obsesión de gozar, que lo tiene siempre ocupado, le impide acercarse a la realidad serenamente y le priva del auténtico conocimiento. El mirador del alma se vuelve opaco, empolvado por el interés egoísta, que no deja pasar hasta ella el aroma de la Vida. Sólo puede ver y oír quien guarda un silencio consciente, y sólo emite Luz la pureza.

La templanza es castidad, pero buscar el propio interés en la lujuria, el provecho en la gula y en los placeres sensibles, lleva sobre sí la maldición de un egoísmo estéril. La castidad no sólo capacita y predispone para percibir correctamente la realidad, creando así conductas acordes con ella, sino que prepara el alma para la contemplación, esa forma sublime de contacto con la verdad objetiva en que se confunde el conocimiento límpido con la amorosa entrega.

Mediante la vida espiritual, el ser humano entra en comunión con Dios asimila la Verdad, que es el bien supremo, y obra adecuadamente. La esencia de la persona espiritual y virtuosa consiste en vivir abierto a la verdad real de las cosas, vivir la verdad que se ha incorporado al propio ser y obrar adecuadamente. Sólo quien sea capaz de ver esto y de realizarlo en su propia vida será también capaz de entender hasta qué profundidades llega la destrucción que en sí mismo desencadena un corazón impuro.

No sólo la acción consumada constituye una equivocación, sino también la complacencia voluntaria en la representación mental del placer que acompaña a esa acción, pues no es posible imaginar ese placer sin la aceptación de la realización material. Así, todo lo que procede de la complacencia voluntaria es una equivocación y una falta.

La lujuria destruye el verdadero gozo de lo que es sensiblemente bello, pues la persona, al percibir la belleza sensible propia de cada cosa, tiende siempre a reducirlo al deleite sexual. Sólo percibe la belleza del mundo y la disfruta quien lo contempla con mirada limpia. La alegría del corazón es el agradable fruto de la muerte del ego. Cuando esa alegría está presente se puede estar seguro de que la simpleza de seguir una doctrina o unos ideales, o la estirada vanidad de quien sólo se mira a sí mismo, se hallan lejos. La alegría del corazón es una señal inequívoca de la verdadera templanza que sabe, sin egoísmos, conservar y defender el verdadero valor de la persona.

La templanza es el origen y la condición de toda verdadera valentía. En cambio, el infantilismo de un alma desordenada no sólo acaba con la belleza, sino que crea seres pusilánimes. Cuando el ser humano pierde esa moderación de carácter integral, disipa su esencia y su energía y se hace inservible para plantar cara a la fuerza del mal, que causa estragos por el mundo

Todas las formas de egoísmo van acompañadas de la frustración y de la desesperación de no lograr lo que tan ardientemente se busca, el apaciguamiento y la satisfacción del ego. Toda búsqueda desordenada del propio ego tiene que ser forzosamente un fracaso, aunque es posible que la perversión ofrezca en recompensa el aturdimiento y la fuga constante de sí mismo.

La destemplanza es una espantosa carga y una insoportable servidumbre. Por el contrario, la moderación libera, purifica y produce limpieza interior. Una pureza total significa relacionarse con las cosas y personas de una forma desprendida, serena y transparente, significa una tesitura del alma tan compleja y tan sencilla como el aire al amanecer el día y, en el fondo, significa responder apropiadamente a los embates del propio ego. Es algo así como la desnudez en que se queda el alma cuando la ha sacudido un dolor tremendo, llevándola de un bandazo a las orillas de la nada o a rozar la muerte -el dolor, la tragedia produce purificación y el sufrimiento revela que existe apego. El estado de serenidad es algo que acompaña siempre a la pureza.

Llega un momento en que la virtud de la templanza, que conserva y defiende el orden interior, se hace visiblemente bella y con ello embellece al ser humano. La verdadera belleza es la que se irradia al hacer propio lo verdadero y lo bueno, no la belleza facial o sensitiva de una agradable presencia. La templanza, como orden de la esencia del ser humano, no puede ocultarse, como no se oculta el alma, ni nada de lo que es la vida interior.



fuente: http://www.proyectopv.org/1-verdad/templanza1.htm

domingo, 28 de febrero de 2010

Que bello sería


Ya no dicen, ruiseñores, con sus trinos,

solo cantan por el bello amanecer.


Ya no cantan para el hombre que está sordo,

solo lo hacen por no oír tanto desdén.


Que bello dicen en la melodía,

que bello recuerdo aquel,

donde sobre el abedul,

prepara el trovero la miel.


Que bello, dice, el paisaje aquel,

que bello se forma con el atardecer,

y más bello seria,

desde la pupila de una mujer.


Que bello seria,

que bello seria volver,

aunque sea un corto instante,

al pueblo que me vio nacer.


Que bello seria que llegue

y encuentre como en aquella vez,

mujeres que ensueños renacen

con la serenata de un hombre a sus pies.


¿Como siente el hombre?, pregunto,

y a veces lo vivo también.

¿Que belleza es la que prima?,

me lo pregunto también.

viernes, 12 de febrero de 2010

Quiza en algun crepúsculo de algun nublado escarmiento de la razon que mi voluntad ha condicionado desde su natalidad

Se han borrado de mi mente los sueños.. que loco ha sido el día.
De aquello que sostenía mi vida solo queda el recuerdo y no entiendo como sigue en pié, debe ser que aún no me he suicidado.
Justo ahora entiendo a mis amigos, a la gente, ahora empiezo a entender como funciona al mundo.
De repente me vino un cuentagotas y me di cuenta cuánto perdia esperando empezar a vivir.. y creo que no hay nada peor que saber que no empezaste lo que mientras pasa de largo. Lo más raro es que todavia no sabemos para que estamos vivos, debe ser que lo estamos porque de no ser así no podriamos sentir que lo estamos. Acá es donde me vino de repente el pensar que los suicidas buscan una "solucion", pero no creo que puedan darse cuenta de que esa solucion encontrada no corresponde a esta vida; y no creo que alguien sea capaz de pensar en algo más allá de la vida, porque no creo que allí rija una pizca de la dimension de la mente, es decir, creo que donde no existe la mente no podria existir en la mente de nadie.