Ya no dicen, ruiseñores, con sus trinos,
solo cantan por el bello amanecer.
Ya no cantan para el hombre que está sordo,
solo lo hacen por no oír tanto desdén.
Que bello dicen en la melodía,
que bello recuerdo aquel,
donde sobre el abedul,
prepara el trovero la miel.
Que bello, dice, el paisaje aquel,
que bello se forma con el atardecer,
y más bello seria,
desde la pupila de una mujer.
Que bello seria,
que bello seria volver,
aunque sea un corto instante,
al pueblo que me vio nacer.
Que bello seria que llegue
y encuentre como en aquella vez,
mujeres que ensueños renacen
con la serenata de un hombre a sus pies.
¿Como siente el hombre?, pregunto,
y a veces lo vivo también.
¿Que belleza es la que prima?,
me lo pregunto también.
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